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10ª Cumbre de la CELAC: una respuesta latinoamericana a las crisis globales

  • hace 13 horas
  • 8 Min. de lectura

¿Qué puede enseñar América Latina y el Caribe al mundo sobre la paz y las cooperaciones regionales?


El 21 de marzo de 2026 se realizó la 10ª Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad de Estados de América Latina y del Caribe (CELAC), en la ciudad de Bogotá, capital de Colombia. Ante el estallido de conflictos en todo el mundo, el evento tuvo como objetivo reafirmar los compromisos de los gobiernos participantes con respecto a la paz y a las integraciones regionales – tanto internamente, entre los propios miembros de la CELAC, como externamente, entre la Comunidad y otros países, bloques económicos u organizaciones regionales –, así como evidenciar la soberanía de América Latina y del Caribe, posicionarlos en destaque en la agenda global y discutir soluciones para las adversidades al desarrollo pleno de las regiones en cuestión.


Fundada en México en 2010, la CELAC está compuesta por todos los Estados latinoamericanos y caribeños y consiste en un foro intergubernamental en el cual los miembros desarrollan programas de cooperación e integración regional en áreas como educación, desarme nuclear, energía y medio ambiente, a través del diálogo y del consenso y partiendo de la armonía entre intereses estatales propios y valores compartidos. Además de materializar soluciones para problemas contemporáneos a través de políticas efectivas, el grupo tiene como objetivo internacionalizar los intereses de sus miembros, de modo a poner en foco sus necesidades para el resto del mundo.


Ubicación geográfica de los países miembros de la CELAC.
Ubicación geográfica de los países miembros de la CELAC.

En este escenario, la CELAC realizó su 10ª Cumbre el sábado 21 de marzo de 2026, durante la cual fue aprobada la Declaración de Bogotá. El documento reitera la posición de los países miembros respecto a los deberes propuestos por la Carta de las Naciones Unidas – que involucran el mantenimiento de la paz, la promoción de relaciones diplomáticas entre naciones, la defensa de la cooperación internacional y la protección de los derechos humanos – y propone soluciones cooperativas para el enfrentamiento de adversidades comunes a todos los miembros.


Compuesto por 35 términos, el manuscrito introduce principios que describen a América Latina y el Caribe como una "Zona de Paz" y libre de armas nucleares, lo que reafirma la posición pacifista de la comunidad y la defensa de la no agresión. En este sentido, es válido destacar que todas las acciones descritas en la Declaración se realizan de acuerdo con los marcos jurídicos de los Estados y del Derecho Internacional, evidenciando la horizontalidad de la CELAC y el compromiso con las jurisdicciones de todos sus miembros.


La Declaración de Bogotá expresa apoyo consensual a la autodeterminación de los pueblos latinoamericanos y caribeños, teniendo como base el respeto a las soberanías nacionales y el principio de igualdad entre ellas. El documento revela esta posición, entre otras formas, al proponer que el cargo de Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas sea ocupado por un representante proveniente de uno de los países integrantes de la CELAC, justificando que este acontecimiento representará el respeto de la ONU al multilateralismo en lo que se refiere a una "representación más equitativa de todas las regiones del mundo". De esta manera, el documento insiste en el compromiso de edificar las relaciones interestatales a partir de una cooperación efectiva que genera beneficios mutuos.


Se confiere destaque a la necesidad de cooperación en términos de migración, a fin de tornar el fenómeno en un movimiento regular, seguro y ordenado de personas, a partir del entendimiento de las competencias de cada nación y del respeto a los derechos humanos. También se cita el combate a las organizaciones criminales transnacionales, bajo la óptica de que su expansión se traduce en el estímulo a la violencia y en el consecuente mantenimiento del estado de subdesarrollo en los países en que este fenómeno persiste.

En el ámbito climático, se presentan medidas que buscan impedir el avance de la crisis inminente. Los efectos del colapso, que incluyen desde el aumento de la temperatura general hasta la retracción del crecimiento socioeconómico, afectan en particular a los pequeños Estados insulares en desarrollo, y por eso deben ser combatidos en unión y solidaridad, buscando el bienestar colectivo y la evolución homogénea de los Estados en cuestión. El documento también sustenta "la disposición de los países de la región en avanzar en el proceso de integración energética regional", con el objetivo primordial de promover una transición energética basada en el desarrollo de fuentes renovables y en la expansión de la infraestructura correlata, así como asegurar la implementación efectiva de los compromisos climáticos en América Latina y el Caribe.


Por fin, y de forma menos expresada, el documento también abordó la importancia de la promoción plena de la educación superior – comprendida como "herramienta para el desarrollo del capital humano" – y el compromiso de asegurar la implementación del Plan de Autosuficiencia Sanitaria de la CELAC como pilar estratégico para el fortalecimiento de capacidades locales, promoviendo la producción y distribución de insumos y tecnologías en salud, la transferencia de conocimiento y el estímulo a la innovación tecnológica.


En vista de la creciente ocurrencia de conflictos armados, la CELAC y sus iniciativas – como la cumbre en cuestión – revelan la necesidad global de organizaciones y grupos interestatales que busquen la cooperación internacional, la protección de derechos y la resolución pacífica de conflictos, instrumentalizando el diálogo y la diplomacia como formas de superar obstáculos contemporáneos persistentes.


En este contexto, Brasil ha participado en todas las reuniones de alto nivel de la comunidad, que incluye las conferencias de Buenos Aires (2023), Kingstown (2024) y Tegucigalpa (2025), las dos Cumbres CELAC-UE en Bruselas y Santa Marta (2023 y 2025), y el Foro CELAC-China en Pekín (2025), lo que demuestra el alineamiento del gobierno brasileño con la agenda de integración regional y con la construcción de un espacio político autónomo para América Latina y el Caribe.


El discurso del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, leído por el canciller Mauro Vieira, dio énfasis a la cuestión de los minerales raros brasileños. Lula destaca que los minerales críticos son estratégicos para Brasil y que el país necesita una mejor organización para aprovechar ese potencial. Él defiende una actuación más coordinada del gobierno y atención a las presiones externas, reforzando la importancia de proteger esos recursos como parte de la soberanía nacional. Al mismo tiempo, reconoce que Brasil aún necesita avanzar para transformar sus riquezas en mayor protagonismo internacional.


Otro momento impactante de la reunión fue el discurso del Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, quien utilizó el espacio para denunciar abiertamente las presiones económicas y militares ejercidas por los Estados Unidos contra su país. Con un discurso lleno de tono histórico y político, el canciller reiteró la posición cubana de resistencia y cuestionó lo que llamó "dominación neocolonial". Según el representante, el país enfrenta un bloqueo que habría sido agravado a niveles extremos; como ejemplo más reciente de esta intensificación, menciona la Orden Ejecutiva del Presidente de los Estados Unidos del 29 de enero y la implementación de un severo cerco energético, cuyos efectos acarrearían serias implicaciones humanitarias para la población cubana.


El ministro resaltó que, a pesar de décadas de guerra económica librada por Washington, Cuba ha resistido por medio de la unidad de su pueblo, de la inversión en energía fotovoltaica y de un programa propio de transformación económica. Rodríguez Parrilla también criticó duramente las amenazas militares más recientes provenientes de los EE.UU., afirmando que "los Estados Unidos declaran públicamente casi diariamente sus intenciones de atacar militarmente a Cuba o de conseguir, por medio de coerción, el derrocamiento del gobierno cubano". Para el ministro cubano, tal postura representa no solo una amenaza a Cuba, sino a toda la región, y solo podría ser enfrentada con la unidad de los pueblos latinoamericanos y caribeños.


Al concluir, el ministro convocó a los países presentes a defender la CELAC como alternativa a las "agendas elitistas subordinadas a intereses externos de dominación neocolonial", y reafirmó que Cuba no renunciaría a la implementación de la Proclamación de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, uno de los logros más simbólicos del grupo.


"Los países [...] reiterar la necesidad de poner fin al embargo económico, comercial y financiero impuesto contra Cuba"

Término 7 de la Declaración de Bogotá, 2026.


La cumbre también contó con un mensaje del presidente de China, Xi Jinping, enviado a los líderes participantes en la cumbre en Bogotá. En el comunicado, destacó el compromiso de China con América Latina y el Caribe, reforzando que Pekín siempre será "una buena amiga y socia de los países de la región", dispuesta a apoyarlos en la defensa de su soberanía, seguridad y desarrollo.


El líder chino también hizo referencia a los avances del Foro China-CELAC, cuya cuarta reunión ministerial se realizó en Pekín en mayo de 2025. En esa ocasión, China y países latinoamericanos lanzaron conjuntamente cinco programas de cooperación en las áreas de solidaridad, desarrollo, civilización, paz y conectividad entre pueblos. Según Xi Jinping, el trabajo conjunto durante el último año resultó en beneficios concretos para las poblaciones de ambos lados. El mensaje también destacó la disposición de Pekín en trabajar con la región para defender la justicia y la equidad internacionales, con vistas a construir una comunidad con futuro compartido.


Además, la 10ª Cumbre de la CELAC se realizó en un momento de clara disputa geopolítica por el alineamiento de los países latinoamericanos. Pocos días antes, el 7 de marzo de 2026, el presidente estadounidense Donald Trump había lanzado el llamado "Escudo de las Américas": una coalición militar compuesta por 17 países que busca combatir el narcotráfico, los carteles y la inmigración ilegal, además de contener la influencia de China y Rusia en el hemisferio. La conferencia fue organizada en Doral, Florida, y reunió a 12 líderes conservadores de la región, entre ellos representantes de Argentina, Chile, El Salvador, Ecuador y Paraguay. En tanto que la CELAC reúne a todos los 33 países de América Latina y el Caribe – excluyendo, por lo tanto, la participación de los Estados Unidos y Canadá –, y opera con base en el consenso, en el principio de no intervención y en el respeto a la soberanía de los Estados, el Escudo de las Américas fue estructurado en torno al liderazgo estadounidense y contiene cláusulas que, según analistas, abren brechas para intervenciones militares directas en los territorios de los países signatarios.


El Secretario de Estado estadounidense Marco Rubio dejó claro que la asociación con Washington requiere "reciprocidad", es decir, para tener acceso al mercado y a la protección de los EE.UU., los países necesitan limitar su acercamiento con China y adoptar la lista de adversarios definida por Washington. Brasil, México y Colombia no participaron en el Escudo de las Américas, representando la resistencia de la izquierda latinoamericana al intento de hegemonía estadounidense.


Como se expresó anteriormente, la Declaración de Bogotá presenta términos (específicamente los puntos 16 y 18) sobre el combate a la expansión de organizaciones criminales transnacionales, acción posiblemente comparable a los objetivos del Escudo de las Américas. Sin embargo, se nota que la CELAC representa las acciones ilícitas como amenaza directa "a la seguridad de los ciudadanos, a la salud pública, a la estabilidad democrática, a la paz regional y al desarrollo socioeconómico". La disparidad entre este documento y la iniciativa estadounidense, bajo esta óptica, se traduce en el hecho de que el Escudo es un instrumento de coerción que apunta a intereses propios y al alcance de la hegemonía, mientras que la Declaración describe actos cooperativos que benefician a todos los participantes de modo democrático.


En este sentido, el canciller cubano criticó, en su discurso en Bogotá, el arreglo estadounidense, afirmando que la CELAC tiene el deber de proteger a sus miembros y a las Naciones Unidas contra "construcciones ideológicas y dictatoriales" – tales como el Escudo, visto por él como forma de subordinar otros Estados a las aspiraciones de América del Norte.


El contraste entre los dos proyectos muestra una tensión que de un lado está compuesta por el intento de los EE.UU. de reafirmar su hegemonía en el hemisferio occidental por medio de alianzas militares con países ideológicamente alineados – lo que algunos analistas ya llaman la "Doctrina Donroe", al hacer alusión a la antigua Doctrina Monroe de 1823. Del otro lado, se presenta la apuesta de la CELAC por un modelo de integración basado en el diálogo, en la diversidad política y en la autonomía regional. En un contexto de bipolarización creciente, la Declaración de Bogotá reiteró que una parte significativa de América Latina sigue comprometida con el camino más plenamente democrático.


Mariana Canuto e Maria Clara Gueiros.

 
 
 

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Equipo:
Coordinador y Editor del Proyecto - Dr. IM Lobo de Souza

Estudiantes participantes - Aline Simioli

Anna Paula Wiendl

Evelin Mwanyka

Felipe Ribeiro Silva

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