Cómo el Escudo de las Américas podría dividir a los países latinoamericanos.
- 29 mar
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El 7 de marzo, Donald Trump volvió a centrar su atención en América Latina y propuso una iniciativa multilateral mediante el lanzamiento del "Escudo de las Américas": una coalición militar compuesta por 17 países latinoamericanos con el objetivo de combatir el narcotráfico y los cárteles, así como los movimientos masivos de inmigración ilegal y la injerencia extranjera en el hemisferio.
Durante la cumbre celebrada en Doral, Florida, doce líderes que comparten los ideales conservadores del presidente estadounidense se reunieron para debatir sobre una coalición "anticártel". Estuvieron presentes representantes de Bolivia, Chile, Argentina, Paraguay, Ecuador, Costa Rica, El Salvador, Guyana, Honduras, Trinidad y Tobago, Panamá y la República Dominicana. Trump expresó su preocupación por México, al que calificó como el epicentro de la violencia relacionada con los cárteles y uno de los responsables del caos en América, una fuente de peligro precisamente por su proximidad al territorio estadounidense.
Además, Trump también destacó el compromiso de usar la fuerza militar contra los cárteles de la droga, elogiando los ataques estadounidenses contra barcos acusados de narcotráfico: "Si quieren, les pondremos un misil en la sala de estar al jefe del cártel".
Representantes de la Casa Blanca reafirmaron el propósito de la cooperación liderada por Estados Unidos: la defensa de la soberanía, la seguridad y la prosperidad económica estadounidenses, así como el bienestar y la superación de los desafíos que enfrentan sus vecinos latinoamericanos. "Queremos que comprendan que ser amigo y aliado de Estados Unidos es algo positivo y recíproco", declaró el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio.
Además, reafirmar su posición de control y liderazgo en el hemisferio occidental, conteniendo el avance de las relaciones entre China y Rusia con América Latina, sería una de las principales aspiraciones de Trump a través del Escudo de las Américas. Según el líder estadounidense, la influencia extranjera no será tolerada ni ganará terreno en regiones estratégicas como el Canal de Panamá. Sin embargo , la ausencia de algunos países de suma importancia para el desarrollo de los acontecimientos en América Latina, especialmente en lo que respecta al narcotráfico, fue notable. Brasil, Colombia y México quedaron fuera del Escudo de las Américas, y sus representantes no asistieron a la cumbre organizada por Trump. Si bien la mayoría de los presentes eran jefes de Estado conservadores de derecha, la ausencia de presidentes de izquierda, quienes previamente habían criticado la gestión de Trump en materia de política antidrogas, explica esta exclusión por parte de Estados Unidos. En algunos casos, como el de Brasil, la negativa a reconocer como organizaciones terroristas a facciones como el Comando Vermelho disgustó a Trump.
La reunión culminó con una declaración de media página, firmada por todos los países presentes en el evento, en la que se acordaron los cuatro puntos principales en juego: la coalición militar contra los cárteles de la droga y el narcoterrorismo, la integración de la inteligencia militar y la cooperación para contener los delitos transnacionales, el "minilateralismo", que consiste en grupos de países ideológicamente alineados que actúan con rapidez, y las cláusulas que abren resquicios para los ataques e intervenciones estadounidenses.
La adhesión de la mayoría de los países latinoamericanos a la nueva estrategia del gobierno de Estados Unidos revela un intento exitoso de restablecer la hegemonía estadounidense absoluta en el hemisferio occidental. La Doctrina Monroe, resumida en el lema "Estados Unidos para los estadounidenses" en 1823, resurge en 2026 bajo la nueva perspectiva que le ha dado Donald Trump, conocida como la "Doctrina Donroe".
Para los países latinoamericanos, el Escudo de las Américas amenaza la soberanía nacional. La retórica de intervención directa, mencionada anteriormente, se percibe como una amenaza real tras la Operación Resolución Absoluta, que culminó con la invasión de Caracas, Venezuela, y la captura de Nicolás Maduro en enero de 2026. Para los países que firmaron el pacto, aceptar tropas estadounidenses o ataques de precisión en sus territorios implica un estado de dependencia militar.
A diferencia de las alianzas diplomáticas tradicionales, el secretario Marco Rubio dejó claro que la amistad con Washington ahora exige reciprocidad forzosa: para obtener acceso al mercado y la protección estadounidenses, los países deben limitar la influencia china en sus infraestructuras (como la tecnología 5G y el control del Canal de Panamá) y adoptar la lista de enemigos de Estados Unidos.
Por un lado, Trump se asegura una red de seguridad con aliados ideológicos sumisos a sus intereses militares y económicos. Por otro lado, el uso del "minilateralismo" estratégico termina aislando a Estados Unidos de las mayores economías de la región: Brasil, México y Colombia, actualmente gobernadas por figuras de izquierda, que tienden a inclinarse más hacia la cooperación económica que ofrece China que hacia los intentos hegemónicos de Estados Unidos.
Brasil, en particular, ha sido objeto de presiones por parte de Estados Unidos para que clasifique a facciones como el PCC (Primeiro Comando da Capital) y el Comando Vermelho como organizaciones terroristas extranjeras, lo que sentaría precedentes para justificar una intervención militar bajo el argumento de que el Estado brasileño sería incapaz de combatirlas. Si bien posicionarse como neutral respecto al Escudo de las Américas es una actitud indeseable para Estados Unidos, sigue siendo preferible para Brasil a apoyar una iniciativa que podría limitar su autonomía.
Las posibles consecuencias para América Latina son alarmantes, ya que la región avanza hacia una bipolarización ideológica y militar, en la que la soberanía nacional podría sacrificarse en nombre de una seguridad hegemónica que permita intervenciones directas. El resultado final podría no ser la erradicación del tráfico ilícito, sino un continente fragmentado, sin diálogo entre gobiernos con ideologías diferentes, lo que incrementa la inestabilidad política y la dependencia externa de un único centro de poder.



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