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De Boric a Kast: el giro político chileno y el avance de Estados Unidos en América del Sur

  • 14 may
  • 6 min de lectura

El 11 de marzo de 2026, José Antonio Kast, fundador del Partido Republicano y exdiputado por la Unión Demócrata Independiente, asumió la Presidencia de Chile y, el 6 de abril, menos de un mes después, emprendió su primer viaje oficial al exterior con destino a Buenos Aires, donde fue recibido por Javier Milei en la Casa Rosada. El abrazo entre ambos mandatarios, registrado por agencias internacionales, puso fin a una fase de cortocircuitos que había caracterizado la relación Argentina–Chile bajo la presidencia de Gabriel Boric e inauguró un nuevo eje bilateral, sustentado en una afinidad ideológica explícita y en una agenda compartida de seguridad, energía, minería y pasos fronterizos, ya que ambos gobiernos identifican en el narcotráfico, el crimen organizado transfronterizo y la influencia extrarregional amenazas comunes que justifican un acercamiento acelerado.


El perfil político de Kast: radical en el origen, pragmático en la ejecución


Kast tiene 60 años y cuenta con dos décadas y media de carrera política, de las cuales dieciséis años fueron como diputado por la Unión Demócrata Independiente (UDI), partido fundado en los años 1980 e históricamente vinculado al legado de la dictadura de Augusto Pinochet. En 2016 abandonó la UDI para construir una candidatura presidencial independiente y en 2019 fundó el Partido Republicano, colectividad desde la cual compitió en las elecciones de 2021, siendo derrotado por Gabriel Boric en segunda vuelta por 56% a 44%. Sin embargo, en noviembre de 2025, Kast volvió a la contienda con 23,9% en la primera vuelta, amplió su coalición y ganó la segunda vuelta con 58,2% de los votos, un recorrido que admite dos lecturas opuestas, ya que combina elementos de continuidad ideológica radical con señales sucesivas de moderación.


Desde esta perspectiva, Patricio Navia —profesor de estudios liberales en la New York University y de Ciencia Política en la Universidad Diego Portales—, en un análisis publicado en Americas Quarterly, sostiene que Kast tenderá a gobernar como un conservador pragmático y no como un populista de derecha, ya que el presidente, a diferencia de los conservadores proteccionistas del norte global, defiende explícitamente el libre comercio y adoptó, en visitas a Javier Milei y a Nayib Bukele, un tono deliberadamente moderado, al afirmar que “no es de la motosierra” y que Chile, dado su sistema legal, no replicaría las políticas de seguridad salvadoreñas. Además, en El Salvador evitó mencionar la defensa del bitcoin como moneda nacional y, en el discurso de la noche electoral —irónicamente apodado por la prensa local “Vamos a hacer a Chile aburrido otra vez”—, pidió a los chilenos respetar las normas y madrugar para trabajar, en contraste con los llamados de la derecha radical a la ruptura.


Sin embargo, este pragmatismo convive con una agenda dura, ya que Kast, a lo largo de la campaña, prometió, entre otras medidas, deportaciones masivas, la excavación de una zanja en la frontera boliviana, mano dura penal, restricciones al aborto y flexibilización de las reglas de uso de la fuerza policial. La interpretación más cuidadosa, según Navia, es que el presidente buscará equilibrar al electorado moderado que lo llevó al poder con la base radical que lo acompaña desde 2017.


Por otra parte, la popularidad juega en su contra en este momento, ya que una encuesta elaborada por Cadem —empresa chilena especializada en opinión pública—, citada por El País el 6 de abril, mostró una caída del 57% al 42% de aprobación en el primer mes de gobierno, en medio de la decisión del Ejecutivo de no contener el traspaso internacional de los precios de los combustibles. Además, el 52% de los chilenos considera que el país va en la dirección equivocada y el 78% cree que la economía está estancada o en retroceso. Por lo tanto, el encuentro con Milei ocurre bajo presión interna en ambos lados de la cordillera.


El acercamiento: amistad personal, agenda compartida y el caso Apablaza


Milei y Kast se conocieron en 2022 en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC, por sus siglas en inglés) realizada en São Paulo, encuentro a partir del cual se estableció una interlocución política consistente. Desde entonces, Milei manifestó apoyo público a la candidatura chilena, asistió a la toma de posesión en Santiago y fue correspondido con la primera visita posterior a la elección de Kast a la Casa Rosada. La elección de Argentina como primer destino oficial sigue la tradición diplomática chilena, observada incluso por Boric en 2022; sin embargo, esta vez adquiere una densidad ideológica que el gesto institucional anterior no tenía.


Además, la agenda declarada de la reunión privada, según MercoPress, articuló tres ejes: el comercio bilateral, la explotación de recursos naturales con énfasis en energía y minería, y la mejora de los pasos fronterizos, en línea con los más de cinco mil kilómetros de frontera que comparten ambos países. La delegación chilena fue encabezada por el canciller Francisco Pérez Mackenna e incluyó a la ministra de Seguridad Trinidad Steinert y al ministro de Obras Públicas Martín Arrau. Asimismo, antes del viaje, Kast expresó el tono político de la visita al afirmar que “tenemos enemigos comunes que atacan a nuestras naciones y debemos enfrentarlos juntos”, en referencia al narcotráfico y al crimen organizado transnacional.


No obstante, el punto simbólico central de la visita era la extradición de Galvarino Apablaza, exintegrante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), acusado de ser el autor intelectual del asesinato en 1991 del senador Jaime Guzmán, fundador de la UDI y figura cercana a la familia Kast. Apablaza, que vivió como refugiado en Argentina durante décadas, vio revocado su estatus por la administración Milei; sin embargo, cuando la policía argentina intentó detenerlo en la semana previa a la visita, el exguerrillero ya había huido. Ante esto, el gobierno argentino ofreció una recompensa de veinte millones de pesos, alrededor de catorce mil dólares, por información que permita su captura. La entrega del exguerrillero, prometida en campaña por Kast, se perfilaba como el momento culminante del viaje, pero no se concretó. “La justicia llegará, más temprano o más tarde”, afirmó el presidente chileno antes de embarcar, declaración que, al mismo tiempo que expresa resignación, evidencia la presión abierta entre aliados ideológicamente afines.


El tablero hemisférico: qué cambia para Estados Unidos


En este contexto, el acercamiento entre Buenos Aires y Santiago debe leerse dentro del marco más amplio del realineamiento hemisférico en curso, ya que el 7 de marzo de 2026, cuatro días antes de la toma de posesión de Kast, Donald Trump reunió a doce jefes de Estado en Doral, Florida, para lanzar el “Escudo de las Américas”, coalición política orientada al combate del narcotráfico y a la contención de la influencia china y rusa en la región. Entre los países invitados, Argentina y Chile asistieron, mientras que Brasil, México y Colombia no recibieron invitación a la cumbre.


A la luz de esto, lo que emerge es un arco ideológico atlántico-pacífico formado por gobiernos de derecha radical alineados con Washington, que avanza sobre los espacios antes ocupados por la izquierda regional, y el acercamiento Kast–Milei opera dentro de ese arco como un refuerzo de cohesión política. Para Estados Unidos, este realineamiento implica tres beneficios relativos: en primer lugar, mayor previsibilidad en la agenda de seguridad hemisférica, especialmente en el tratamiento de organizaciones criminales y la autorización de cooperación militar en territorios soberanos; en segundo lugar, la posibilidad de revertir proyectos de infraestructura crítica vinculados a China, como el cable submarino Hong Kong–Chile autorizado por Boric y actualmente paralizado tras la revocación de visados de tres funcionarios del gobierno anterior por parte del Departamento de Estado en febrero de 2026; y en tercer lugar, la conformación de un cinturón regulatorio favorable a los intereses estadounidenses en minería, energía y datos, en contraste con la diversificación promovida por Lula, Petro y Sheinbaum.


Ahora bien, existen límites estructurales a este alineamiento, ya que China es el principal socio comercial de Chile, con el 40% de las exportaciones y el 25% de las importaciones, según datos retomados por Americas Quarterly, frente al 15% y 20% de Estados Unidos. Por lo tanto, Kast deberá gestionar esta interdependencia sin costos electorales adicionales, en un escenario en el que su aprobación ya se ha reducido significativamente. Además, Milei enfrenta un horizonte similar, con estancamiento económico y escándalos políticos en su entorno, como el que involucra al jefe de gabinete Manuel Adorni, bajo investigación por viajes en avión privado y compras inmobiliarias incompatibles con sus ingresos declarados. Asimismo, la afinidad ideológica entre ambos mandatarios, aunque real y operativa, no elimina la fragilidad política de ninguno de los dos.


Por lo tanto, para América Latina, el escenario que se configura es el de una región cada vez más dividida a lo largo de una frontera ideológica clara, en la que, por un lado, se encuentra un Cono Sur liberal-conservador alineado con Washington, y por el otro, un eje formado por Brasil, México y Colombia, que tiende a profundizar sus relaciones comerciales y estratégicas con Pekín. La reconfiguración de las relaciones Argentina–Chile, leída en este contexto, no constituye un capítulo bilateral aislado, sino la señal más clara de una reorganización hemisférica en la que la soberanía regional y el margen de autonomía de las economías latinoamericanas vuelven a ser disputados, ahora bajo la lógica de la Doctrina Donroe.


Guilherme Cucco y Felipe Ribeiro


 
 
 

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Equipo:
Coordinador y Editor del Proyecto - Dr. IM Lobo de Souza

Estudiantes participantes - Aline Simioli

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